Rescate de un Suzuki con un tractel o cabrestante manual.
Rescate de un Suzuki con un tractel o cabrestante manual.

Tráctel o cabrestante manual, la opción más económica, práctica, y fiable, para salir de un apuro

El tráctel, cabrestante manual, o tirfor como también se le conoce, es una opción económica, práctica, y fiable, a la hora de rescatar nuestro vehículo si nos encontramos en una situación delicada.

Frente al winch, o cabrestante eléctrico, tiene una serie de inconvenientes, ya que ocupa espacio en el maletero del vehículo, requiere un gran esfuerzo en su utilización, y en muchas ocasiones su capacidad de tiro es inferior, pero por el contrario presenta una serie de importantes ventajas, ya que es mucho más económico a la hora de adquirirlo, se puede utilizar con el vehículo con la batería descargada, no requiere homologación, podemos trasladarlo de un vehículo a otro, y, tal vez la más importante, nos permite tirar desde cualquier posición.

Dada su versatilidad, robustez, amplia gama de posibilidades, y facilidad en el manejo, el tráctel se puede considerar como el medio de rescate más difundido y apreciado por los usuarios de vehículos 4×4.

El tráctel consiste en un aparato metálico que recoge un cable de acero que se introduce por uno de sus extremos y lo saca por el otro mediante un mecanismo interno que normalmente se acciona mediante una palanca situada en la parte superior.

Para garantizar su funcionalidd en cualquier situación la longitud mínima del cable debe de ser de unos treinta metros, aunque lo ideal es que sea de cincuenta metros o más.

Éste se debe de encontrar en perfecto estado sin presentar ningún tipo de desgarro o rotura, ya que la tensión que ha de soportar es muy fuerte pudiendo romperse y actuar como un látigo.

Cuando vayamos a utilizar el tráctel, el cable lo desenrollaremos y enrollaremos siempre en línea recta evitando la formación de cocas o nudos, ya que por estas partes se debilita y se hace mucho más propenso a la rotura.

Para manipularlo, utilizaremos en todo momento guantes de trabajo ya que corremos el riesgo de pillarnos con facilidad los dedos, y sobre todo en los procesos de enrollado y desenrollado del cable para evitar el clavarnos algún trozo de acero.

Para que el tráctel se encuentre operativo y en buenas condiciones de trabajo deberemos seguir un mantenimiento básico que consiste en evitar la acumulación de barro o arena, así como engrasarlo periódicamente.

Como material auxiliar llevaremos al menos un par de eslingas que las podremos utilizar tanto para sujetar el tráctel como para prolongar el largo si no nos llega con el cable, así como ganchos y perrillos.

No hay que olvidar que los ganchos siempre tienen que anclarse de forma que si se sueltan no salten hacia arriba para evitar accidentes.

A la hora de elegir un tráctel deberemos de tener en cuenta su capacidad de arrastre que viene dada por su fuerza nominal. Por lo tanto, deberemos de calcular la resislencia ofrecida por la carga y comprobar que se encuentra dentro de sus posibilidades. Como mínimo deberá de poder arrastrar el doble de peso de nuestro vehículo.

Si éste es pequeño nos bastará con uno que tenga un a fuerza nominal de 1.500 kgs. mientras que para los más grandes necesitaremos uno de al menos 3.500 kgs.

Hay que tener en cuenla que cuando arrastramos un vehículo no sólo tenemos que vencer la resistencia del peso de éste, si no que también tenemos que contrarrestar la fuerza que ejerce el obstáculo.

Para utilizarlo primero lo aseguraremos mediante una eslinga a otro vehículo, a un árbol, o a una roca. En el caso de que no tengamos ningún punto de agarre cerca podremos improvisar uno enterrando la rueda de repuesto de nuestro vehículo a modo de ancla.

Después introduciremos eI cable por el interior del tráctel y engancharemos éste a la anilla de arrastre del vehículo, o a la bola de remolque si la tuviera, para luego actuar sobre la palanca que lleva en su parte superior.

Tendremos la precaución de no enganchar el cable al paragolpes, defensa o ballestas del vehículo, ya que podríamos dañarlas e incluso arrancarlas.

A partir de aquí sólo nos queda emplearnos a fondo y ver como metro a metro vamos saliendo del atolladero.

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